Brasil es otro síntoma de la descomposición del capitalismo

La lucha por la derogación de las tarifas
que acrecienta la miseria fue respondida
con la brutal represión policía
Levantar las banderas del salario mínimo
vital con escala movil de salarios y la
nacionalización sin indemnización del
transporte y bajo control colectivo de los
trabajadores y usuarios
Victoria del movimiento por
el pasaje
Gobierno y alcalde retroceden en el aumento de pasajes

La tenaz disposición de la juventud en marchar hasta de noche, bloqueando el
sistema vial de Sao Paulo y enfrentando la represión de la policía, logró arrancar
de Alckmin del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) y de Haddad del
Partido de los Trabajadores (PT) la anulación del aumento de las tarifas del
transporte. Cayeron los R$ 0,20. Lo mismo ocurrió en Río de Janeiro y otras
capitales. Las masas en las calles mostraron su fuerza.
Económicamente, la victoria es pequeña. Políticamente, una gran victoria.
La mayoría seguirá penando para pagar R $ 3.00, que se duplica o triplica según
sean las distancias, seguirá madrugando, continuará horas en el tráfico y
continuará exprimido en los autobuses y el metro sufriendo el peso de mayores
impuestos y recortes del gasto público, anunciadas por la alcaldía del PT y el
gobierno del PSDB para preservar los beneficios de los empresarios del
transporte.
Los explotados cargarán con todas las deficiencias e ineficiencias del capitalismo.
La explotación laboral y las ganancias no permiten que las masas tengan acceso a
los bienes reservados a la burguesía y a la clase media rica. Es lo que pasa
también en el caso de la vivienda, la salud y la educación.
Las favelas que crecen sin cesar, los hospitales del SUS con sus camillas en los
pasillos, los niños hambrientos que no pueden llegar a ser personas alfabetizadas
y los jóvenes que abandonan los estudios atormentan a la mayoría. La
marginación, la discriminación y las matanzas policiales tiene que ver ampliamente
con una juventud oprimida. Son reflejos estructurales del capitalismo en crisis.
Expresan un salario mínimo de hambre, el subempleo y el desempleo.

Sobre estas fuerzas sociales oprimidas por el Estado policial, los partidos
burgueses hacen sus fiestas. Los capitalistas se enriquecen más. La clase media
alta exhibe su lujosa buena vida. Todos los días, las familias obreras y las de la
clase media pobre se enfrentan a todo tipo de penurias y calamidades. Es por eso
que las masas tienden instintivamente a chocar con el sistema social que reserva
a la abrumadora mayoría el trabajo “esclavo” y a la ultra minoría, el ocio, el
parasitismo, el consumismo y la protección.
Lo que Brasil fue testigo en sus capitales fue un levantamiento juvenil, que se
inició con un pequeño grupo de clase media y continuó en los barrios pobres de
Sao Paulo, Río de Janeiro, Fortaleza, Natal, Salvador, Belo Horizonte, Belem y
otras ciudades.
Conquista política de las masas
Hace varios años, el Movimiento Passe Livre viene realizando manifestaciones en
contra de los aumentos, por el pase gratuito para estudiantes y desempleados. La
policía con facilidad pudo golpearlo. Pero esta vez, millares respondieron al ataque
de guerra promovida por el gobernador Alckmin (PSDB) y Haddad (PT).
El jueves 13 se cubrió de gases, se inundó de balas de goma, pisoteada por la
marcha de la Tropa de Choque y marcada por las palizas, cientos de heridos y
detenidos. El retrato vivo del Estado policial que emergió de la tan mentada
democracia, la ciudadanía y los derechos humanos.
La violencia de la PM diluyó a la “Comisión de la Verdad” y borró a la Secretaría
de Derechos Humanos.
No hubo enfrentamiento porque los manifestantes no tenían manera de
defenderse, a menos que su cuerpo y los objetos que se les aparecieron en el
camino. El gobierno acusó al movimiento de vandalismo. Pero la respuesta al día
siguiente fue que miles y miles salieron a las calles en todo el país. Buena parte
de la prensa pasó a alabar las manifestaciones pacíficas, cuando en realidad no
era más que la respuesta a la brutalidad policial. Los gobiernos trataron de ocultar
el rostro de la dictadura de clase de la burguesía, que se definió totalmente en la
cuarta jornada de la lucha.
La afluencia masiva de jóvenes y sectores populares, la ocupación de las
ciudades y la condena de la acción policial pusieron a los gobiernos ante la
alternativa de intensificar la represión o ceder. Reprimir más implicaba
derramamiento de sangre. Ya no era suficiente disparar balas de goma en la cara.
Ya no era suficiente aterrorizar con los métodos de la Tropa de Choque. La acción
de grupos anarco-punks, que pasaron a actuar por su propia cuenta y al margen

del movimiento de masas, logró mostrar diferente la marcha de la multitud, pero
expresaron la rebelión contra las instituciones y propiedades. Evidenciado que la
vigorosa lucha en las calles continuaba, en la sexta jornada, Alckmin y Haddad
recularon.
Una victoria de las masas, no de la política del MPL
Es necesario distinguir al MPL -una organización formada en el Foro Social
Mundial, que opera a través de las redes sociales- del movimiento de las masas.
El grupo está formado por unos cuantos estudiantes universitarios que insisten en
el tema del transporte público, concibiendo la lucha sin organización de base, sin
organismos colectivos de toma de decisiones de los explotados y sin la presencia
de partidos (dicen ser apartidistas).
El MPL insufló la idea de que las corrientes de izquierda no pueden levantar sus
propias banderas. En las demostraciones, los activistas llegaron a atacar a los
militantes que portaban banderas del partido. El uso de la fuerza para prohibir la
militancia organizada mostró uno de sus rasgos reaccionarios.
Los partidos de izquierda que se encontraban en las manifestaciones son parte del
movimiento, no son un cuerpo extraño de la burguesía ahí infiltrado. La prensa
aprobó tal “apartidismo” porque se trataba de corrientes revolucionarias. Al mismo
tiempo, insistió en que los partidos conservadores y los legisladores debían
abordar el movimiento para canalizarlo.
El ataque del MPL a la democracia obrera -que garantiza, entre otras cosas, el
derecho a disentir y la libre expresión- no partió de las masas, aunque éstas,
hastiadas de los partidos de la burguesía y sus gobiernos, no sepan distinguirlos
de los partidos que luchan contra el capitalismo. La campaña del MPL contra la
expresión de partidos de izquierda trató de fomentar los prejuicios burgueses
anticomunistas.
Esta es la conducta autoritaria de un movimiento juvenil que eclosiona sin
organización y expresa las tendencias espontáneas de la lucha. Y también es una
manera de demostrar que no quieren más que pequeñas concesiones de la
burguesía y sus gobernantes. El MPL se aferra al más estrecho reformismo.
Detrás del apartidismo, la experiencia ya lo ha demostrado claramente, está la
posición pequeño burguesa pro-capitalista, evidenciada por el rechazo del MPL a
la bandera de estatización de la red de transporte privado.
La victoria política del movimiento de la calle no se debe a la política pequeño
burguesa (autonomista) de la MPL, sino a la disposición de salir a las calles de la

juventud oprimida, enfrentar a la policía y no ceder a las presiones de la
burguesía.
El abandono de las banderas
La lucha terminó centrada en la revocatoria de los aumentos. Es comprensible.
Hubo un impacto inmediato de descontento en los explotados. Todo está subiendo
mientras los salarios han sido erosionados por la inflación.
Las centrales sindicales no organizan un movimiento general en defensa de la
vida de los trabajadores. Los burócratas ven que el coste de la vida empeora la
situación de la existencia de la mayoría pero siguen apoyando al gobierno que
protege a las multinacionales. La Unión Nacional Estudiantil (UNE) está atrapada
por la política del estalinismo (PCdoB). Y la ANEL (Asamblea Nacional de
Estudiantes Libre) ha servido sólo como palestra para que la izquierda centrista
discursee sobre las opresiones.
Resultado, un vacío político y de organización que explica por qué, de la nada, de
repente, aparece el MPL, convirtiéndose en canal de expresión de las masas.
Alrededor de diez mil manifestantes en Sao Paulo, respondieron a la primera
convocatoria de la red social. En otras capitales más o menos en la misma
medida. Así comenzaron las manifestaciones. Pero la brutal represión proyectó al
movimiento.
La bandera de la anulación del incremento fue llevada más allá. El MPL se
mantuvo aferrado al mástil. Se puso del lado de los reclamos de pasaje libre para
estudiantes y desempleados. Es muy posible que el movimiento centrado en la
anulación no asumiera las restantes demandas. Pero no se puede ignorar el peso
de su dirección -el MPL- en la evolución de los acontecimientos. Este peso ahora
se juega para extinguir las grandes manifestaciones, cuando el MPL anuncia que
no hará más convocatorias.
Limite social y político del movimiento
En gran medida, los manifestantes son jóvenes estudiantes y de clase media
pobre. Esta composición varía de capital en capital. Es cierto que, en algún
momento de la lucha, se sumaron los asalariados.
Las marchas masivas fueron más allá de la bandera de no al aumento de pasajes,
el horizonte de la lucha se amplió contra la extrema pobreza y la opresión
capitalista. Fue pequeño el reclamo de anulación del aumento mientras que la
batalla fue grande, para una demanda tan limitada y un pequeño resultado

económico, si se considera, como hemos dicho, a las terribles necesidades de los
explotados.
Cuando las masas acudieron a las calles, había una clara posibilidad de romper
los límites sociales de las manifestaciones. La clase obrera podía intervenir y
tomar la iniciativa imprimiendo su política. Pero la burocracia sindical la tiene
contenida y en el puesto de asistente. El MPL ha hecho todo lo posible para que
no se supere el marco de la anulación del aumento.
Sucede que esta medida es paliativa. La burguesía y su gobierno trasladarán
inmediatamente al pueblo los costos de la renuncia. Alckmin y Haddad no querían
que fuese así. Era mejor el aumento. Como tuvieron que volver atrás, tendrán que
reorganizar el presupuesto a costa de los explotados. Los capitalistas tienen
mecanismos para librarse de las reclamaciones que en realidad no atingen al
capital y su rentabilidad. Es lo que pasa con los aumentos salariales, se diluyen en
el tiempo, transfiriendo los costos a los precios, restableciendo la tasa de
ganancia.
Los gobernantes de Sao Paulo, dijeron que tendrán que pagar alrededor de R$
millones (antes habían calculado R$ 420 millones). Es una cantidad fácilmente
transferible a la población. Los capitalistas del transporte tendrán garantizados los
beneficios. No se toca su capital, pero sí el presupuesto público.
Los empresarios no se incomodarán. Más bien, esperan que se siga avanzando
en la privatización del metro.
Las masas en las calles crean las condiciones políticas y sociales para llegar a la
raíz del problema del transporte público y las condiciones de vida de la mayoría.
Sin embargo, el MPL fue la visera que tapó las respuestas necesarias de los ojos
y la conciencia política de los manifestantes.
Estuvieron objetivamente colocadas las demandas de ESTATIZACION SIN
INDEMNIZACIÓN DE LA RED PRIVADA DE COLECTIVOS, CONSTITUCIÓN DE
UN SISTEMA PÚBLICO ÚNICO, CONTROLADO POR LAS ORGANIZACIONES
OBRERAS Y POPULARES, Y ESTABLECIMIENTO DEL SALARIO MÍNIMO
VITAL CON ESCALA MÓVIL DE REAJUSTE.
Por este conjunto de soluciones, se torna posible hacer frente a los intereses de
los capitalistas, defender los intereses de la mayoría explotada y avanzar en la
lucha revolucionaria en el campo de la lucha por el socialismo. Si el movimiento
tendría que aceptar el retroceso de los gobernantes, lo haría, sin embargo,
colocando el programa del próximo choque. Habría cambiado la composición
social. Habría suspendido el derecho de las manifestaciones. Y tendría que

retirarse organizada. Así, la conquista de la anulación habría sido sólo un paso en
una larga lucha.
La dirección del MPL, pequeño burguesa, infantil e ilusionista, en ausencia de una
dirección clasista, circunstancialmente impuso un límite que hay que romper con
las masas.
Influencia burguesa en la conducción de las manifestaciones
La estrategia de los gobiernos, de los medios de comunicación y de los
comentaristas fue separar de las marchas la acción de ataque a las instituciones y
bienes. “Manifestación pacífica sí, manifestación violenta no.” Esta línea pasó a
ser repetida insistentemente.
Es necesario repetir que los ataques a los partidos de izquierda se han convertido
en parte de esta estrategia. El MPL se ha adaptado a ella. Llegó a informar que los
“vándalos” serían identificados por el movimiento, lo que significa entregarlos a la
policía. Hubo desmentidos, pero la noticia periodística indica la incapacidad del
MPL para distinguir la posición burguesa de protesta pacífica de la posición
proletaria de manifestación colectiva organizada.
La violencia no existe en sí mismo. Expresa las condiciones de la lucha de clases.
Las masas organizadas deben utilizar toda su fuerza y los medios para ganar. La
burguesía ejerce su dictadura de clase a través de su policía, cuando las masas
salen a las calles para exigir el fin del hambre.
Las fuerzas políticas de la burguesía que trabajan fuera del movimiento trataron de
neutralizar la capacidad de combate de las masas. La transformación de las
marchas combativas en manifestaciones pacíficas de zombis errantes.
Una de las primeras medidas fue la de disipar las reivindicaciones. Comenzaron a
aparecer banderas completamente ajenas, como la del PEC 37, que limita los
poderes de investigación del Ministerio Público, o de la corrupción, la asignación
mensual, la seguridad. Por supuesto, detrás están las ONGs, Iglesia, partidos
burgueses y movimientos ligados institucionalmente a la políticas estatales..
Las mismas demandas de las masas, como la salud y la educación, fueron
planteadas tan alejadas, como las separan los partidos burgueses en campaña
electoral.
El movimiento estaba cambiando de rumbo. La disparidad de banderas convirtió
las manifestaciones de Río de Janeiro y Sao Paulo en canal de las disputas
interburguesas. La manifestación pacífica tenía un contenido de clase pequeño
burgués y burgués. La disolución del movimiento en descontentamientos difusos e

institucionales expresa al pacifismo burgués, una cuerda colocada en el cuello de
los explotados.
El Estado policial
Tamaña movilización en todo el país expresó la crisis capitalista y las tendencias
profundas de las masas para salir a la lucha. La bandera de la anulación del
aumento de los pasajes se superó con creces.
El día 19, los gobernantes aceptaron la demanda del movimiento. El día 20, las
masas salieron a las calles. El periódico Estado de São Paulo estampó en su
portada la estimación de un millón. A las 18 horas, en el inicio de la marcha de Río
de Janeiro, 300 mil tomaron la Avenida Presidente Vargas. Pronto ese número
casi se duplicó. La verdad es que más de un millón ganaron las plazas, calles y
avenidas en 100 ciudades importantes.
Fueron a los ayuntamientos, parlamentos, cámaras municipales y al Congreso
(Brasilia), lugares que sitiaron e intentaron ocuparlos. Se enfrentaron con las
fuerzas de choque. En Brasilia, la manifestación se ubicó dentro del Palacio de
Planalto (cancillería). En esta ocasión, se encontró con un potente bloqueo de la
policía. Aun así, el contingente más avanzado del movimiento intentó invadir
Itamarati. En Victoria, los manifestantes atacaron el edificio de la Justicia. En Río
de Janeiro, la Tropa de Choque dejó el campo para esperar a las masas a la
puerta del Ayuntamiento.
Una vez más, la prensa acusó a los vándalos y elogió a la mayoría pacífica. Las
imágenes de la guerra del día 13, que los gobiernos trataron de espantar con la
señal de la democracia, regresó y se esparció. La Tropa de Choque volvió a
combatir a los manifestantes con balas de goma. Disparar al rostro de los
manifestantes desarmados, es la práctica bárbara este brazo armado de la
burguesía.
El movimiento masivo de las masas dio el salto para reconocer al Estado policial
brasileño. Mostró que la dominación de millones de trabajadores, campesinos
pobres, los sin tierra, las nacionalidades oprimidas indias, una amplia capa de la
clase media arruinada y miles y miles de habitantes de favelas, subempleados,
desempleados e indigentes miserables depende de un Estado policial. Las
acciónes radicalizadas de un pelotón avanzado del movimiento -y fuera de su
control- hizo saltar por los aires el llamado Estado de Derecho, en verdad Estado
policiaco.

Revuelta de los vándalos
Las manifestaciones de día 20, por su masividad, extensión, diversidad y
agresividad, patentizaron la presencia de lo que la burguesía llamó “vándalos”. El
Brasil está lleno de vándalos -es lo que se puede concluir.
En todas partes, un destacamento de jóvenes manifestó métodos radicales. Cuyas
características fueron atacar a las instituciones (Palacio de Planalto de Gobierno,
municipios, el Parlamento y el Poder Judicial), haciendo frente a las tropas de
choque, con la destrucción de bienes, quema de autos de la prensa y saqueos.
Los promotores del movimiento (MPL, redes sociales) no pudieron contenerlos.
Ellos no estaban sujetos a ninguna política definida, señalados como anarquistas,
punks, marginados, etc. Sin desanimarse, ocuparon el frente de las marchas y
asedios. Tan combativos, fueron los últimos en dejar las calles. Tan visibles,
fueron los más reprimidos.
Los gobiernos, la burguesía, los periodistas y la pléyade de sabios comentaristas
han tratado de asegurar que simplemente se trataba de vándalos, delincuentes y
bandidos. ¡Absolutamente falso!
El hecho de constatarse la presencia de lumpen en los saqueos de Sao Paulo
(desechos humanos que aprovecharon la situación) e incluso de saqueadores no
se puede generalizar este acontecimiento y a ese contingente llamándolos
“vándalos”. Interesa a la burguesía -sobre todo para justificar la acción de la fuerza
de choque- caracterizar erróneamente el fenómeno social y político de los
enfrentamientos “no pacíficos” poniéndolos en la tumba de la marginalidad.
El joven destacamento que intentó invadir las instituciones del Estado -para su
destrucción material- no estaba formada por “vándalos”. Mucha juventud
combativa – excluyendo los provocadores de la policía y de la derecha de la
pequeña burguesía- provenía de los barrios pobres, que llevan sobre sus cabezas
la violencia cotidiana. No son despolitizados. Ellos cultivan el odio ciego contra
todo lo que se relaciona con el capitalismo. Muchos niegan la política en general.
Un grupo de estos jóvenes, a pesar de ser una minoría en las manifestaciones,
asistió y llevó la pelea a su manera fuera de la ley.
En otras condiciones políticas, estos grupos podrían haber sido perjudiciales para
la lucha organizada y revolucionaria. Eso porque, si no centralizan los objetivos,
las banderas y los métodos de lucha de la masa, terminan sirviendo al Estado
policial como pretexto. Como el movimiento ocurrió cuando la crisis económica y

política está en su inicio, la acción de este destacamento acabó presionando a los
gobernantes.
Los hechos demuestran la urgente necesidad de recuperar las organizaciones
estudiantiles tales como la UNE, UMEs y alumnos de secundaria. Esto requiere la
construcción de una dirección proletaria de la juventud.
La crisis política
El hecho de que miles rompen la cadena de contención social y tomaran cuenta
de las ciudades indica un cambio en la situación política. La crisis económica se
hace sentir, con bajo crecimiento, el regreso de los despidos, el aumento del costo
de vida y las presiones de la burguesía para contener los salarios, especialmente
la recuperación del salario mínimo (incluso si es a cuenta-gotas).
La política estatal del PT funcionó en condiciones económicas favorables. Ahora,
las masas sienten que la inclusión social es ilusoria. Las llagas estructurales del
capitalismo se magnifican y llevan a los explotados a chocar con la política
burguesa. En este caso la política del lulismo.
El gobierno de Dilma Rousseff se ha chocado con cientos de huelgas. El reciente
choque de los indios Terena con los hacendados señaló un horizonte de
profundos conflictos por la tierra. Ciertamente, la cuestión agraria será
reposicionada por el MST. El movimiento obrero sigue fuertemente controlada por
la burocracia, pero los vientos de desempleo industrial están golpeando más
fuerte.
La división interburguesa está en marcha alrededor de las directrices del gobierno
petista para enfrentar la crisis. La dificultad para contener las presiones
inflacionarias trae las disputas burguesas en el seno de las masas.
La oposición (PSDB/DEM/PPS) logró, por medio del STF, colocar al gobierno del
PT y sus líderes como peligrosos agentes de la corrupción. No es casualidad que
una masa informe levante todo tipo de banderas en las manifestaciones.
Llama la atención la afluencia de sectores de la pequeña burguesía blandiendo
pancartas que agitan las fricciones entre el gobierno y la oposición (asignación
mensual, la corrupción, los impuestos, PEC 37, etc.). Las transformaciones
económicas y una intensa carrera al poder en 2014 impregnaron al monumental
movimiento. Las actitudes derechistas de un sector presente que habló el día 20
en Sao Paulo contra los partidos de izquierda son una señal dada por el sector
reaccionario pequeñoburgués.
Sin la presencia física del proletariado y sin sus políticas de clase revolucionaria,
la crisis política que se identifica con el fracaso del reformismo petista no podrá ser
aprovechado para canalizar a los explotados hacia su propio programa.
Construir la dirección revolucionaria
La gran mayoría de los que salieron a las calles fue movida por una profunda
insatisfacción con las condiciones de existencia y con la política de la burguesía.
Pero arrojada a la calle sin dirección clasista y revolucionaria, no tiene cómo
arrancar de su seno las banderas de los intereses de los partidos burgueses. No
ha podido aglutinarse en torno a las reclamaciones que concretizan sus
necesidades y no pudo imponer la cohesión como método de lucha colectiva.
En gran medida, las masas se movieron espontáneamente impulsadas por el
calamidad que sufren. Ahí radica su fuerza y su debilidad.
Sin una dirección revolucionaria, no hay manera de unir a los explotados en la
lucha por un programa de reivindicaciones, que contenga la estrategia histórica del
proletariado. a lo contrario de lo que proclama el MPL, el papel de los marxistaleninista-
trotskistas es decisivo para la organización y desarrollo de la lucha.
Distorsiona la realidad cuando se supone que el movimiento contra el aumento de
los pasajes no es parte y expresión de la lucha de clases. El poderoso movimiento
no sólo chocó contra de los gobiernos responsables de los aumentos, sino contra
el Estado burgués. Es decir, contra la política general de la clase capitalista, contra
los intereses de los explotadores.
Este es el evento principal que expone crudamente la crisis de dirección
revolucionaria, abierta por la revisión estalinista del bolchevismo, la destrucción de
la III Internacional y el proceso de restauración capitalista. Es lo que estamos
viendo en Europa, que se descompone y en el convulso Oriente Medio y el Norte
de África.
Los disturbios parecían lejanos al Brasil pero irrumpieron. Hay un cambio
importante en las relaciones de poder entre las clases, motivado por la bancarrota
mundial del capitalismo. Existe, por tanto, necesidad de trabajar incansablemente
por la organización del Partido Revolucionario de la Clase Obrera y la
reconstrucción de la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución
Socialista. El POR actuó en todos los estados del Brasil donde está organizado
empuñando las demandas de la lucha y este objetivo.